Hay mujeres que saben dar, organizar, resolver y sostener a todos. Y cuando les llega algo bueno, lo primero que hacen es dudar: "¿será para mí?", "¿lo merezco?", "¿y si mejor se lo doy a otro?". Esta palabra es para ellas. Recibir no es quitarle nada a nadie. Recibir es completar el círculo: lo que diste con las manos abiertas vuelve con las manos abiertas.
Lo recibo todo. Lo bueno llega. Lo merezco. Nada de lo que hago se pierde, y nada de lo que me corresponde se me escapa. No se trata de esperar sentada: se trata de estar lista, con la puerta abierta y la cabeza en alto, cuando llegue lo que es tuyo.
Escríbelo conmigo: LO RECIBO TODO.
Pasos para prepararte: primero, haz una lista corta de tres cosas buenas que ya recibiste este año y que no celebraste; míralas de frente. Segundo, di en voz alta qué es lo siguiente que estás lista para recibir, sin disculpas. Tercero, prepara el lugar: ordena un rincón de tu casa como si ya estuviera llegando algo bueno. Cuarto, cuando alguien te ofrezca ayuda, di que sí una vez, sin devolver el favor en el mismo minuto.
Errores a evitar: rechazar lo bueno por modestia; comparar tu momento con el de otra persona; y creer que recibir te hace menos fuerte, cuando es todo lo contrario.
Preguntas frecuentes: ¿Recibir es lo mismo que pedir? No: pedir es una acción, recibir es una postura; esta palabra es postura. ¿Y si no llega nada? Lo que llega se reconoce cuando estás atenta; la palabra te pone atenta. ¿Puedo decirla por alguien más? Dila por ti primero; luego envíasela a una mujer que espera lo suyo.
Lo recibo todo. Lo bueno llega. Lo merezco.
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