Tú siempre das. Das tiempo, das dinero, das paciencia, das tu hombro y tu cocina y tu madrugada. Y nunca pides. Cuando alguien te pregunta qué necesitas, dices que nada. Cuando te ofrecen algo, dices que no hace falta. Esta palabra es la corrección de ese hábito: hoy te toca a ti.
Me toca a mí. Recibo sin culpa. Lo bueno es mío. No porque los demás no importen: porque tú también importas, y llevas demasiado tiempo al final de tu propia lista. La mujer que siempre da no está rota ni vacía: está cansada de postergarse. Y hoy se da su lugar, sin pedir permiso.
Escríbelo conmigo: ME TOCA A MÍ.
Pasos para prepararte: primero, nombra una cosa que quieres para ti y dilo en voz alta, sin justificarlo. Segundo, hoy haz esa cosa o da el primer paso: una cita, un descanso, algo bonito solo para ti. Tercero, cuando alguien te ofrezca ayuda, acéptala y quédate con ella; no la devuelvas en el acto. Cuarto, escribe en un papel: "me toca a mí" y déjalo donde lo veas mañana.
Errores a evitar: sentir culpa por recibir y devolverlo todo; pedir permiso para cosas que ya te ganaste; y esperar a que alguien te lo diga para darte tu lugar: te lo das tú.
Preguntas frecuentes: ¿No es egoísta decir "me toca a mí"? No: es justo. ¿Y si los demás se molestan? Los que te quieren se alegran de verte bien. ¿Cuánto dura? Todo el tiempo que tú decidas; empieza hoy.
Oye. Siempre das. Y nunca pides. Hoy te toca a ti.
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