Tus manos no paran. Trabajan, crean, arreglan, sostienen. Y a veces parece que tanto esfuerzo no se nota. Hoy se nota. Todo lo que tocas crece: tu trabajo da fruto, tu esfuerzo se multiplica y nada de lo que haces se pierde.
La situación
La mujer que trabaja sin parar rara vez se detiene a mirar lo que ya creció por sus manos. Mira atrás un momento: lo que hoy tienes, lo que hoy sabes, lo que hoy sostienes, salió de tus manos. Eso no es poco: eso es todo. Hoy el crecimiento se acelera, porque lo que se hace con constancia no puede quedarse quieto.
La palabra de hoy
Di conmigo: TODO LO QUE TOCO CRECE. Dila antes de empezar tu trabajo, con las manos abiertas. Es una declaración para tus manos: lo que hago crece, lo que cuido florece, lo que siembro vuelve. Si tu trabajo es tu camino, lee también Lo recibo todo, la palabra para recibir lo bueno sin culpa.
Pasos para prepararte
Primero, termina hoy una cosa que llevas a medias: cerrarla abre espacio para lo nuevo. Segundo, cobra lo que vale tu trabajo, sin rebajarlo por pena. Tercero, enseña a alguien algo que tú sabes hacer: enseñar multiplica lo que tienes.
Errores a evitar
No regales tu trabajo por miedo a perder clientes. No trabajes sin descanso hasta enfermarte: las manos cansadas no crean. Y no dejes que nadie te diga que lo tuyo no vale: quien no valora tu trabajo no es tu cliente.
Preguntas frecuentes
¿Y si mi trabajo no crece todavía? Crece bajo tierra primero, como la semilla: el fruto se ve después. ¿Tengo que cambiar de trabajo? No necesariamente: a veces basta con cobrar mejor y ordenar mejor. ¿Puedo declararla por mi negocio? Sí, y envíasela a una mujer que trabaja sin parar.
Todo lo que toco crece. Mis manos crean. Mi esfuerzo da fruto.